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jueves 15 de octubre de 2009

Merecimiento o no merecimiento, esa es la cuestión.


El próximo 14 de noviembre la selección de fútbol de Costa Rica jugará un repechaje ante Uruguay por el último boleto al Mundial de Sudáfrica 2010. Esta situación que se pudo inclusive haber evitado si se hubiera ganado en los Estados Unidos en la última fecha de la eliminatoria mundialista.

Se tuvo la victoria en las manos, pero un cabezazo dentro del área a falta de 30 segundos para el final del juego, pondría de rodillas a llorar a todo un país y de felicidad para otra nación

, como Honduras que tuvo que esperar 27 años para volver a una cita mundialista.

Pero la pregunta aquí es, ¿merecía Costa Rica la clasificación directa al Mundial? Creo que todos sabemos que en este deporte no hay merecimientos, este deporte es de goles y ganar partidos. Pero si lo vemos desde esta perspectiva, la respuesta es que Costa Rica no merecía clasificar directamente.

Lo que se empieza mal, termina mal

Hay que ver que desde antes de la eliminatoria, se presagiaba malas cosas durante el camino de los costarricenses hacia Sudáfrica 2010. Se inició un proceso (una palabra totalmente

desconocida para los ticos), al mando del entrenador Hernán Medford, el técnico de raza negra, que llegaría con la etiqueta de haber logrado dos títulos de campeón con el Saprissa, así como un título de Concacaf y un tercer lugar en el Mundial de Clubes en el 2005, parecía que era curriculum suficiente para que Medford llevará a buen puerto a la selección costarricense.

Sin embargo los malos resultados, especialmente en la Copa Oro 2007 y varios partidos amistosos donde no se conseguía la victoria, sumado a la mala actitud y rechazo por parte de un sector de los medios, harían que rápidamente la guillotina pasará sobre el timonel, aún cuando logró con sobresaltos clasificar a la selección a la ronda de grupos, dejando en el camino a Granada en una serie eliminatoria ganando en Costa Rica 3 a 0.

Ya a partir de ahí, se repetía algo ya común dentro de la selección, la falta de continuidad e

inestabilidad del banquillo tricolor. Pero eso también sucedería en el banco de la Federación de Fútbol que antes de la separación de Medford, vería como la presidencia cambiaría de manos tras la repentina salida de Walter Niehaus, quién decidió abandonar el barco de la Federación y entregarle el timón a Eduardo Li.

A veces no hay que ver currículum

La “brasa” ardiente se le pasaría a otro técnico con un curriculum extenso, Rodrigo Kenton, quién llegaba con las credenciales de haber llevado a la sub-23 a los juegos Olímpicos de Atenas en el 2004 y su buen trabajo en el fútbol de Guatemala. Kenton iniciaría la fase de grupos con la perspectiva de tratar de llevar a la selección a la hexagonal final sin complicaciones y así lo hizo, consiguió ganar todos sus partidos, pero ante rivales débiles y que no son profesionales, como lo eran Surinam y Haití, dos naciones pobres del Caribe y donde sus jugadores no son profesionales, algunos de ellos se dedican a otras labores, como taxistas, operarios de fabricas, etc. El único rival que Costa Rica venció en dos ocasiones y que estaba un poquito al nivel de Costa Rica era El Salvador.

Llegaría el inicio de la hexagonal final, donde Rodrigo Kenton y compañía parecían que llevaban a la selección a buen puerto, un buen inicio con un triunfo ante Honduras por 2 a 0 en el Saprissa, sin embargo para la siguiente fecha una derrota ante México por el mismo marcador, que pondría a los ticos nuevamente con los pies en la tierra, para enfrentar a El Salvador y ganarle con brincos y saltos apenas por la mínima.

Un triunfo de visita ante Trinidad y Tobago y una gran victoria ente Estados Unidos en casa, pondrían a soñar tempranamente a toda la nación, Costa Rica llegaba a 12 puntos y estaba con un pie en el mundial.

Una falsa realidad

A partir de ese momento, algunos medios de comunicación comenzarían a crear un ambiente de triunfalismo y empezar a hablar de ir a Sudáfrica, inclusive algunas agencias de viaje comenzaban a planear y promocionar paquetes para viajar a África para apoyar a la selección. Pero la pregunta es, si con 12 puntos aún no se está clasificado, faltaban al menos cuatro puntos más para clasificarse.

Pero eso parecía no importar mucho para un sector de la prensa y la afición costarricense, ya que para muchos de ellos la clasificación estaba a la vuelta de la esquina y era fácil conseguirla.

¿Y fue fácil?, parece que no, llegaría el inicio de la segunda vuelta, donde Costa Rica tendría que jugar casi todos sus juegos de visitante, iniciaría ante Honduras, el 12 de agosto, pero donde nuevamente una derrota nos pondría los pies en la tierra y saber de que aún faltaba mucho para llegar a Sudáfrica. Un 4 a 0 que mostraría la realidad que imperaba en el fútbol nacional.

Un sueño que empezó a esfumarse

A pesar de aquella derrota ente Honduras, se creía que había sido un accidente, un simple tropiezo en el camino, pero llegaría el siguiente juego ante México en Costa Rica, donde los mejicanos le darían una nueva lección a los ticos y con un derroche de fútbol, Costa Rica terminó hincada sobre la gramilla sintética del Estadio Saprissa.

Luego una sufrida caída ante El Salvador en el último minuto de juego, sumado a la crisis que se vivía en lo interno de la selección ya que varios jugadores no se llevaban, algunos no podían estar juntos y para variar, problemas con el “motivador” Germán Retana que obligó su salida inmediata de la concentración.

Finalmente Kenton sería cesado de su puesto, ante el clamor de la afición, para la llegada de un tercer técnico, algo que ya era común en la selección, ahora un extranjero sin conocimiento del fútbol costarricense tomaba las riendas de la selección, para disputar los últimos dos juegos eliminatorios.

René Simoes, brasileño que llevó a Jamaica a su único mundial en Francia 98, trataría de enderezar un poco la barca nacional, y parecía que lo lograba pero este miércoles 14 de octubre, Jonathan Bornstein de Estados Unidos se lo arrebató de las manos a falta de 30 segundos del final de un juego en que Costa Rica, quiso regalarle no solo el empate a los estadounidenses, sino también el boleto soñado a Honduras.

Justo premio a la mediocridad de un fútbol que sigue sin brillar no solo en su torneo sino a nivel internacional, la falta de seriedad de una dirigencia deportiva, de una federación sin nadie al mando y unos medios de comunicación que decidieron engañar con falsas expectativas a una afición que seguirá sufriendo hasta que llegue alguien o algo y cambie totalmente esto y la palabra “proceso” se haga realidad.